Esta
semana se está hablando mucho, en todos los medios, de los crímenes machistas,
de los crímenes de los hombres contra sus parejas; y se está hablando tanto
porque en lo que llevamos de 2017 se han batido todos los records de esta plaga
y, hasta el punto, de que el Gobierno ha considerado oportuno aparentar una
acción coordinada y efectiva al respecto.
Pero
yo me temo que estos sucesos no se acaben
-de momento- porque opino que se están enfocando de forma errónea. No
niego que estos crímenes puedan ser tachados de “machistas”
por ser cometidos por hombres sobre sus parejas. Pero
yo creo que en la “causalidad” de estas conductas no hay un odio (o el sentimiento
que queramos) de "hombre contra mujer", sino de "lucha de poderes"; creo que lo que hay es
--simplemente-- una cultura de carencia absoluta de valores éticos, y que sólo
prima la fuerza de los poderosos cuya única filosofía es: <<los que no piensen como yo, hay que
eliminarlos>>.
Para
mí, lo que subyace en el fondo de estas personas es lo mismo, exactamente lo mismo,
que cuando ministros y presidentes de gobierno niegan por activa y por pasiva
los abusos y las corrupciones hasta que
--¡¡en algunos casos!!— la Justicia demuestra su culpabilidad. O lo
mismo que cuando un Ministro de Justicia se atreve a decir que las señoras
fiscales que no piensan como sus superiores se lo tienen que hacer mirar. Lo
mismo que cuando un cargo público aparca su coche donde le da la gana y se
enfrenta a los policías que cumplen con su deber de multarle. Lo mismo que
esconden los que se niegan a admitir la evolución creciente de la pobreza en
España mientras ellos se llenan los bolsillos con sueldos millonarios y
jubilaciones escandalosas.
Lo
que subyace en todos estos ejemplos es exactamente lo mismo: el abuso de poder;
el desprecio hacia el más débil; la falta total de principios y de ética, y el
miedo a perder las posiciones de privilegio
Pero
no pensemos sólo en los políticos; recorramos cualquiera de nuestros rincones
comunes. Veamos unos posibles ejemplos:
¿Qué
tiene en su interior un señor que en pleno partido de futbol --¡¡quizás cada
semana!!-- se levanta gritando al
árbitro “cabrón, hijo de puta, vete a pitar a tu puta casa”. O el que anima a
sus propios jugadores cuando hacen una falta a un contrario con expresiones
tales como “así, así, dale duro, mata a ese cabrón”?.
¿No
es lo mismo lo que encierra en su alma el padre (o madre) que trata a su hijo
con dureza y desprecio gritándoles que es un inútil, que todo lo hace mal, que
no va a conseguir nada en la vida; o que es un blandengue, que hay que ser
duro, y que hay que acabar con tus competidores porque si no ellos acaban
contigo? ¿Qué tipo de personalidad y “respeto por los demás” están inculcando
estas personas en sus hijos?
Y
otros ejemplos más de la propia calle
¿Qué
principios tienen las personas que siempre entran a una cafetería con las
puertas cerradas y las dejan abiertas al entrar o salir, y si se les dice algo
contestan que la cerremos nosotros si nos molesta?
O
esa otra persona que deja que su perro cague en plena acera y si le dices algo
te contesta con “pues recójala usted y llévesela a su casa”?
Y
….¡¡nos tenemos que callar y aguantar….porque si no, muy a menudo, cualquier
observación al respecto acaba con peleas!!
Y
estos son sucesos en la calle, en la vía pública, esporádicos y con alguien a
quien quizás no vuelvas a encontrarte; pero ¿qué pasa, qué se va acumulando en
el día a día de una pareja en el interior de sus cuatro paredes?
Si
no se aceptan las opiniones, sentimientos y deseos de los demás; si no se
consideran “a los otros” como iguales y
merecedores de respeto, la actitud de “acabar con ellos” es exactamente la
misma. No nos equivoquemos en la “mayor trascendencia” que tiene el quitar la
vida a otra persona; muchas de las leyes que se adoptan a nivel político;
muchas de las triquiñuelas financieras, fiscales, legales en los negocios y en
las empresas, son vías de aniquilación de los valores humanos de la sociedad y
que llevan a la real muerte física y psicológica de muchas personas.
Podemos
sensibilizarnos ante los asesinatos de tantas mujeres; podemos denominarlos “crímenes
machistas”; podemos formar un nuevo equipo inter-ministerial para analizar el
seguimiento del tema; pero mientras no cambiemos la escala de valores de esta
sociedad, y solo nos preocupemos de esas cosas “de los demás” y no veamos el
deterioro interno de todos los estamentos creo que nos estaremos equivocando y
que estos actos “tan tremendos” no disminuirán ….y que los otros, los otros
miles de crímenes contra la humanidad que se están cometiendo cada día
continuarán.
Y
voy a acabar estas reflexiones con otro par de ejemplos que he podido
contemplar en directo y que me afectaron sensiblemente:
Uno
de ellos, la terrible actuación de un grupo de jóvenes --de los que
popularmente denominamos “pijos”-- , sacando a palos y patadas a un par de
mendigos, marido y mujer, de más de 50 años, por estar durmiendo (sucios y
malolientes, por supuesto) en la zona de clubs que ellos frecuentan
Y
el segundo, la inmediata y posterior actuación “de limpieza”
de las fuerzas públicas contra los mendigos de todo el centro de Madrid porque
daban una mala imagen de la capital de España. Esa España que para Rajoy va tan
bien y pone como ejemplo de todo.
En
ninguno de estos casos se cometió un crimen machista; pero la falta de ética y
de valores humanos es lo que anida en el corazón de estas personas. Ellos
pueden ejercitar y dar salida a su odio y desprecio de esa forma “legal”, o
consentida al menos. Los que acaban con su pareja posiblemente es que sea ese
el único ámbito de actuación que tienen.
Crímenes
detestables, sí, sin duda; pero si queremos acabar con ellos no tratemos de engañarnos con
causas falsas.
Pienso que no nos encontramos con crímenes de hombres contra
mujeres, creo que nos encontramos con crímenes de poder, de fuerza, de
desprecio al inferior, al que nos puede llevar la contraria, al que se nos
puede enfrentar como se lo permitamos.
El
relevo de los fiscales más activos contra la corrupción, y muy destacadamente
del Fiscal de Murcia que se ha atrevido a imputar al Presidente de esa
Comunidad, no es un crimen de género, pero busca acabar con el otro, con el que
me puede llevar la contraria, exactamente igual. Unos matan físicamente; otros aniquilan
con su poder.
El
criminólogo y catedrático de Derecho Penal de Oviedo Javier Fernández Teruelo, opina
que “la violencia doméstica es ejercida por los agresores con el convencimiento
de estar haciendo lo correcto para restablecer el orden social previsto en
sus valores patriarcales: restituir la relación de poder y dominio
sobre la pareja”. Y esta actitud de mantenimiento de los estatus, prebendas y
privilegios sociales y económicos es lo mismo que guía la actuación de los
poderosos de cualquier estamento público y privado.
Belén
Zurbano, profesora de Periodismo en la Universidad de Sevilla e investigadora
en comunicación, género y violencias aporta un matiz muy interesante: El
machismo siempre se ha “ejercitado”, pero antes se sentía impune, mientras que
ahora se siente atacado, amenazado
Para
el psicólogo Andrés Quinteros “los agresores de género no se sienten
identificados con los que salen en televisión cuando hay noticias de violencia
machista, porque ellos no se sienten maltratadores. Niegan la situación y
culpan a la mujer. Ellos se ven como víctimas. Es el concepto de doble fachada".
Y
para la socióloga María Jesús Izquierdo “Los maltratadores están convencidos de
que lo que hacen está bien hecho para que las cosas sean como deben de ser'"
¿Os
suenan estas frases?, estas formas de ver las cosas?, de justificar ciertas actitudes,
leyes y decisiones?
Nunca se pararán los crímenes
machistas mientras no aceptemos la realidad del crecimiento de la injusticia y
desigualdad social de nuestra sociedad. Y temo que nuestra sociedad hoy no
camina en ese sentido.
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